search instagram arrow-down
Alberto Gutiérrez Delgado

Alberto Gutiérrez Delgado

Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

Enlaces personales

Ver perfil completo →

Entradas recientes

Comentarios recientes

Aurora Bolívar en Aurora Bolívar: “Lo que vives…
Juanjo pérez en Juan A. M. Cuadrado: “En…
Margarita en Babilonia: 10 años, tanto vivi…
Fernando Mariano And… en El bar de Jo
Aurora en Aurora Bolívar: “Lo que vives…

Archivos

Categorías

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 3.911 seguidores

Redes Sociales

Follow Al otro lado de Aqaba on WordPress.com

Manolo García: “Los japoneses tienen una gran unidad social”

Manué01

Artista del vidrio, ha vivido intensas experiencias en Japón, donde sufrió el terremoto de Fukushima: “creíamos que el epicentro estaba en nuestra ciudad, Kawasaki, hasta que volvió la luz y vimos lo que ocurrió a doscientos km: fue desolador”. Unos años después fundó con otros socios La Guajira, una referencia cultural en Almería. Entrevista publicada el pasado sábado en La Voz de Almería.

Como artista dominas distintos materiales, pero sobre todo llama la atención tus trabajos con el vidrio.
Es una disciplina que no se conoce en España. Mi hermano, que hizo Bellas Artes y Arquitectura, me metió la vena del arte. Cuando yo tenía catorce años le encargaron hacer las vidrieras de una iglesia y yo le ayudaba. Unos años después me fui a estudiar a una escuela de artes del vidrio. Luego me marché a México, volví a Barcelona, donde monté unestudio y después me fui a Mallorca, a una escuela de vidrio soplado. En Palma dirigí un taller de escuela de soplado hasta que hubo elecciones y entraron los de otro partido… Me echaron.

Terminan etapas, se abren otras, pero sigues moviéndote.
Sí, me trasladé a Tarragona para montar una sección de vidrio dentro de una empresa de fundición de bronce de esculturas. Y estalló la crisis. Dejaron de venir artistas. Pero yo preparaba otro proyecto: quería irme a Japón. En un curso en Segovia conocí a Kenji Ito, un maestro soplador japonés. Desde el primer momento supe que quería trabajar con él. Me dijo que yo tenía mano. A los dos meses me escribió desde Japón para que fuera con él. Solo ponía una condición, aprender japonés. Entonces, cuando te dicen que sí, es cuando te cagas de miedo (ríe).

¿Y qué pasó?
Pospuse el viaje unos ocho meses para dedicarme a aprender el idioma. Desde que llegué hasta dos meses después estaba bloqueado, no hablaba nada. Debían creer que era tonto (risas). Y de pronto un día, de la noche a la mañana, me entero de sus conversaciones. Fue un proceso de sabiduría. Trabajaba bastantes horas al día y aprendí muchísimo personal y laboralmente. Era el único occidental. Los niños me señalaban por la calle (risas).

¿Cuánto tiempo estuviste?
Cuando llevaba ocho meses ocurrió el terremoto de Fukushima. Fue impresionante. Los edificios se movían varios metros, como un barco. El país quedó destrozado. Las carreteras y las vías del tren incomunicadas… La gente no podía volver a sus casas, a cien kilómetros, por ejemplo. Pero todo el mundo abrió sus casas a los que se quedaron en la calle. Los japoneses tienen una unidad social que aquí no la entendemos ni como concepto. Fue curioso, porque se vivió con euforia el terremoto. Se creía que el epicentro estaba allí. Cuando volvió la luz y vimos lo de Fukushima supuso un golpe tremendo. Fue desolador. Muchísimas personas perdieron a alguien en la catástrofe. Yo no tenía un drama personal pero sí tuve empatía con ellos. Volví a España presionado precisamente desde aquí a causa de las noticias, aunque yo quería quedarme. Kenji Ito entendió mi marcha, pero me abrió las puertas para volver. Lo hice cuatro meses después.

Hasta que regresas finalmente a Almería.
He ido cuatro veces a Japón, con estancias de seis meses, pero ya me quedé en Almería porque no quería marcharme a diez mil kilómetros, lejos de mi entorno familiar. Aquí seguía la crisis y trabajé con mi hermano como jardinero, lo que me permitía comer. Pero necesitaba hacer algo creativo.

¿Fue cuando surgió La Guajira?
Sí, éramos tres amigos, los tres artistas. Ideamos un lugar diferente. Pero yo pensaba que era un sueño y que iban a aparecer trabas. Sin embargo, surgió la casa y su dueño, Diego Ortiz. Y aquí estamos seis años después, con La Guajira fuerte y sana. Lo más gratificante es que ha calado en Almería. Que dentro de unos años, si desapareciera, se hablará de ella.

¿Qué es lo mejor de este viaje, de este acontecimiento cultural?
Hay noches con una energía musical increíble. Los silencios. El músico que al bajar del escenario te dice que ha sido increíble. El público, que se emociona. Nos queda por aprender, pero hemos aprendido mucho.

Responder
Your email address will not be published. Required fields are marked *

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: