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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Gabriel, la representación del Bien

gabriel

En este mundo hay almas limpias y almas sucias. Predominan las primeras, porque de lo contrario la sociedad sería ingobernable. La civilización, la ética y la moral han encauzado los buenos sentimientos del ser humano, que salen a flote cuando las almas decrépitas irrumpen en nuestra vida para morder como alimañas. Con el caso del pequeño Gabriel, a quien todos hubiésemos querido pellizcar los mofletes de ser hallado sano y salvo, hemos comprobado en su mayor crudeza la presencia del mal, del peor de los males, frente a un bien representado por Patricia, por Ángel, por la Policía, por la Guardia Civil -de nuevo gracias, gracias, gracias- y por los cientos de voluntarios que se sumaron a la búsqueda incluso en adversas condiciones atmosféricas. Y, por supuesto, un bien simbolizado en la sonrisa purísima de un niño que siempre llevaremos en el corazón, a pesar del tiempo y la distancia. No te vamos olvidar, pescaíto.

Ahora llega el duelo y acompañar a esos padres, Patricia y Ángel, por quienes sentimos una compasión y una empatía como creo que nunca antes se ha sentido por alguien que no conoces. Algo similar ocurrió con Miguel Ángel Blanco, asesinado por Eta, otra tragedia que nos partió el alma. Pero esto ha sido distinto, porque los almerienses pudimos participar en la búsqueda, estuvimos cerca, ayudamos de una u otra forma, y porque era un niño inocente de ocho años, un chico que correteaba por el Paseo Marítimo unos días antes y con el que seguramente alguna vez nos habíamos cruzado junto a su madre o su padre por Almería, recitando los nombres de los peces, la gran pasión de su corta vida.

Nada habrá que cure las heridas de esos padres y de la pobre abuela, pero les deseo de todo corazón que algún día remonten el vuelo, si es posible. Ahora, toca echarse a un lado y dejar que sigan su camino. Almería está de luto y ya los lápices caen y doblan, como las campanas, en este mes de marzo que despertó sobresaltado. Gabriel, pequeño, fue tanto el cariño y el amor que generaste que resulta incomprensible todo lo que ha pasado. Descansa en paz, hijo. Eras la representación más pura del Bien, eras un ángel caído del cielo.

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