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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Ramón Magaña: “He tenido recursos dentro y fuera de la plaza”

ramon magana

Fue novillero, actuó tres veces en Las Ventas y después de tres largos inviernos en Madrid optó por la hostelería. Cocinero jubilado, asesor de la presidencia en la plaza de toros de Almería, es también artesano del cuero (los Aljibes árabes exponen sus trabajos esta Navidad). Nos cuenta divertidas anécdotas, de personajes parecidos a Juncal y del miedo escénico de la Monumental madrileña. (Entrevista publicada en La Voz de Almería el pasado fin de semana).

Torero, cocinero, artesano del cuero. Lo tuyo es el arte…
Intento expresarme, disfruto mucho con la cocina y con el cuero, que es en lo que estoy ahora más involucrado. Tengo amistad con figuras del toreo como Morante, Talavante, Manzanares, Castella… Hago cajas de monteras, estuches de hilos para los mozos de espada, fundones de espada, tríptícos para rezar, etc.

¿Ser torero es lo más grande que hay?
Sin lugar a dudas. Las sensaciones que se tienen delante del toro no están pagadas. Todo es único, los viajes del torero, las mañanas del sorteo, donde yo disfruto casi más que por la tarde… Soy un privilegiado, porque he hecho muy buenas amistades y he conocido a una docena de presidentes.

¿Qué recuerdos tienes de José García?
Fue uno de los mejores presidentes. En la concesión de las orejas fue respetuoso con los toreros y con la fiesta. También guardo un buen recuerdo de Pedro Giménez, aficionado al toro y al caballo; Marcos Rubio, con el que tengo una amistad cercana a la familiaridad y fue un presidente muy serio con el reglamento; Benjamín H. Montanari, que es un torero en el palco y disfruta mucho con determinados triunfos de los diestros. Y aparte , dentro de la provincia, Javier Torres y Adrián Salmerón, a quienes tengo mucho aprecio.

¿Sigues soñando con alguna faena por firmar?
He sido un torero muy modesto. Cuando estoy melancólico me digo que no valgo un duro, pero cuando me comparo con otros me digo también que soy un monstruo (ríe). Dentro de haber sido un torero modesto he toreado en Madrid tres veces, dos como novillero y una en un festival con los maestros Antoñete y Andrés Vázquez, donde corté dos orejas.

¿Por qué no te volvieron a llamar para Las Ventas?
Estaba haciendo la mili y el invierno en Madrid es muy largo. Estuve tres años y cuando acabé opté por la hostelería.

¿Trabajabas en algo?
Sí, pero duraba diez minutos, porque no era profesional, se me veía enseguida (risas). Una vez dije que era albañil y me mandaron cerrar un hueco de una escalera y cuando me quise dar cuenta me quedé encerrado (risas).

¿Qué has hecho más en la vida: dar largas cambiadas o tomar el olivo?
Dar largas cambiadas. He tenido recursos, dentro y fuera de la plaza. Hoy a los toreros les gusta quedarse en la Puerta Purchena hablando con el móvil y pensando en la berza de mamá. Uno de los pocos toreros que se fue a Madrid es Gimeno Mora, que ha sido figura como subalterno y respetado por los profesionales.

¿Juncal fue un prototipo? ¿Has conocido a personajes como él?
He conocido a cada pájaro… (risas). Hubo uno de Pozoblanco, que se apodaba ‘El catedrático’. En un invierno duro madrileño puso un anuncio en el periódico ‘Pueblo’ que decía: “Torero con futuro busca novia inteligente y guapa y a ser posible con medios económicos” (risas). Un día lo vi en el Rastro acompañando a un ciego para solucionar el problema del mediodía… (risas). El ciego era anticuario y compraba esculturas de bronce. Él le aconsejaba.

Elige entre estos toreros: Gallito o Belmonte, José Miguel Arroyo ‘Joselito’ o Ponce, José Tomás o Morante.
Belmonte, Joselito y la mitad de José Tomás y la otra mitad de Morante. Tomás tiene una pureza que no es normal. La prueba es que cuando los toros le cogen lo revientan. No me olvido de Manzanares, que es de los pocos hijos que han superado al padre.

Contaba Antoñete, muy divertido, que César Girón, que debía ser un guasón, estando en el túnel de cuadrillas antes de torear le dijo a los compañeros: “cornás pa tós, hijos de puta”. El miedo en esos momentos debe ser tela…
(Risas). No conocía la anécdota. Allí no se oye nada. Mi padre me dio una vez la mano y le pregunté si había visto a mi padre (risas). El miedo que se tiene en Las Ventas no se tiene en ningún sitio.

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