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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Chipiritifláuticos, como la risa de mamá

Decían los siempre ocurrentes Les Luthiers que todo tiempo pasado fue anterior, y yo no sé si después de lo que está sucediendo en los últimos meses, años, en esta querida España, también todo tiempo pasado fue mejor, mucho mejor. A las pruebas me remito: lean periódicos, enciendan televisiones y radios, salgan a la calle o vean lo que se está fraguando ya incluso en los colegios. Resulta que en algunos centros de secundaria han creado una especie de protocolos para combatir las crisis de ansiedad de los alumnos en la época de los exámenes. Como lo cuento. Y cada día se producen dos o tres casos de chicos y chicas que ante el traumático episodio de las evaluaciones acaban tendidos en el suelo con los pies en alto y con una persona, digo yo que sanitaria, sacudiéndole las piernas para rebajar el sobrevenido síncope.

Así está el asunto. Antes, y no hay que irse al Pleistoceno, las crisis de ansiedad no existían porque el niño o la niña había llegado a esas edades con los deberes hechos, gracias a unos padres diligentes y con sentido común que corregían cuando tenían que corregir y no daban lugar a chorradas varias. Pero ahora, la sobreprotección a los niños, la eliminación de cualquier momento de sufrimiento, la mortificación de los padres por las culpas al no darles lo que quieren y cuando quieren, provocan escenas tan alucinantes como la de estos adolescentes panza arriba, prestos a ser asistidos para aplacar sus temores escolares.

Podría avizorar el futuro de estos chicos, pero no hace falta. Ya se está viendo cómo hay padres que acompañan a sus hijos en las entrevistas de trabajo, cómo van a protestar a su jefe cuando los vástagos se encuentran con problemas o cómo es la actitud de muchas personas ante los desafíos cotidianos de la vida, por nimios que resulten.

Alguien podrá decir que esta no es la norma, pero no se lo compro porque la realidad es que vivimos cada día más en una sociedad débil y timorata, donde el esfuerzo, la tenacidad, la perseverancia y la paciencia han sido suplantados por la facilidad, el bienestar y el placer. Pero, eso sí, luego te pones unas frases bonitas en las redes sociales, de que tienes que ser positivo y optimista, como Paulo Coelho, y nos creemos que ya somos chipiritifláuticos, como la risa de mamá.

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