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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Carlos Pérez, ginecólogo: “Hay que buscar el equilibrio entre ciencia y vida”

carlos perez serrano

Ha asistido más de cinco mil partos en su dilatada carrera como ginecólogo. Fue pionero en las consultas de esterilidad en Almería. Nos habla de los cambios en la ginecología y de la importancia de preservar la salud psíquica y física del recién nacido, “pues un minuto de sufrimiento fetal puede causar patologías para toda la vida”. (Entrevista en La Voz de Almería).

Eres ginecólogo desde hace unos cuarenta años. ¿Ha cambiado mucho esta especialidad?
Sí, en cuanto a la forma de enfocar el embarazo y terminarlo. Hoy se atiende más al bienestar del feto que a la mecánica del parto en sí. Antes no existían los métodos de diagnóstico que tenemos actualmente e imperaba más el arte de la tocurgia, la pericia en la asistencia del parto. Se hacían muchos partos instrumentales y los riesgos, que entonces eran considerables, han disminuido mucho. Hoy se presta más atención a la salud psíquica y física del recién nacido y de la madre.

¿En qué sentido?
En el cerebro hay zonas sensitivas muy sensibles a la hipoxia o falta de oxígeno, de tal forma que un minuto de hipoxia en el parto puede acarrear patologías a lo largo de la vida de ese niño recién nacido. El obstetra Monroe Kerr decía que el camino más corto, pero más difícil que recorre el individuo en su vida es el canal del parto, que tiene unos veinticinco centímetros, pero te puede marcar para siempre. En los años cincuenta, el 47% de los casos de déficit psíquico se debían al sufrimiento fetal o hipoxia. El presidente americano Kennedy decía en el año 62 que el progreso de un país está relacionado con la salud psíquica y física de los ciudadanos. Y esta empieza en el nacimiento.

¿Y la mujer? ¿Cómo ha evolucionado?
Al ritmo del mundo. Afortunadamente se ha ido equiparando al hombre social y laboralmente. También se ha retrasado la edad del matrimonio y de tener descendencia, lo que entraña una serie de riesgos. Se ha alargado la edad biológica; sin embargo la edad reproductiva no se ha modificado. La mujer que se queda embarazada después de los treinta y siete años se considera primípara añosa, lo que conlleva un alto riesgo de alteraciones celulares de los ovocitos.

Explícate.
No solo existe el ADN celular, sino también un ADN en las mitoconcrias, que es como la gasolinera de las células: transmite la energía que necesitan las células para funcionar. Y este ADN se transmite únicamente por vía materna. De ahí la importancia de la mujer en este aspecto, no así la del hombre. Por otra parte, se ha avanzado mucho en técnicas de fertilización y en diagnósticos preimplantacionales, cosa que también entraña dilemas éticos, pues implica destrucción de embriones. En cualquier caso, hoy existen muchísimos medios para detectar alteraciones cromosómicas y las ecografías pueden detectar malformaciones que se pueden solucionar tras el nacimiento.

Algunas mujeres están optando por la congelación de óvulos cuando son jóvenes para tener un hijo con una edad más avanzada.
Sí, y está bien. Lo que ocurre es que el embarazo produce grandes cambios en la mujer: aumenta la hipófisis en el cerebro, la frecuencia cardíaca cambia en el último tramo, el hígado también… Eso una mujer joven lo aguanta bien. Pero con la edad pueden acarrear patologías, desde una diabetes, hipertensión, fallo hepático, trombosis. Y también te digo: esto se puede tratar.

Debes tener más de una anécdota en la consulta…
Muchas (sonríe). En la consulta de esterilidad hacemos un historial sexual. Una vez le pregunté a una persona si tenía orgasmos y me dijo que no, que tenía “Asisa” (risas).

Cambiando de tercio, ¿qué aficiones has cultivado?
La navegación, he tenido un barco treinta años. He trabajado mucho, compaginando sanidad pública y privada, pero siempre he procurado tener tiempo para disfrutar de la vida. Me considero una persona vitalista. Esto fue lo que me indujo a venirme a Almería. Empecé en el hospital madrileño de La Paz y luego estuve en Maternidad en Córdoba. Pero me faltaba el mar. Entre la ciencia y la vida debes buscar el equilibrio. En Córdoba tenía además una consulta privada y era profesor en la Facultad de Medicina. Al venirme a mi tierra perdí en ciencia, pero gané en calidad de vida (sonríe).

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