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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Mª Jesús Álava, psicóloga: “No saber decir que no mina nuestra moral”

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Elegida en 2012 como una de las “Top 100 Mujeres Líderes”, la reconocida psicóloga, que vino a Macael hace unos días a dar una conferencia en la Fundación Eduarda Justo, afirma que “hay padres que son demasiado colegas de sus hijos, y lo que deben hacer es ponerles pautas  para que no tengan una insatisfacción permanente”. Lamenta que “haya familias que mientras comen en la mesa están mirando el móvil”. (Mi entrevista en La Voz de Almería el pasado domingo).

Los psicólogos habéis entonado el ‘mea culpa’ por los errores del pasado. ¿Qué ocurrió?
(Sonríe) En los años setenta se extendió en Estados Unidos el concepto de educar en libertad, de no decir que no al niño. Aquí llegó más tarde, pero aún colea. Incluso muchos especialistas aún lo mantienen. Pero es una barbaridad. Hay padres que tienen una gran confusión, pues son demasiado colegas de sus hijos. Y hay que darles pautas, porque de lo contrario tienen una insatisfacción permanente.

¿Ha hecho mucho daño la frase “así se va a traumatizar el niño”?
Sí, esto ha sido un drama, porque hay muchos padres que se lo creen y no han hecho su tarea de padres. Para los chavales más inseguros ha sido desestabilizador y a los más manipuladores les ha facilitado hacer con los padres lo que quisieran. Los niños se dan cuentan de la inseguridad de sus progenitores. Muchos los amenazan, dicen que se van a suicidar… Esto se da con más frecuencia de lo que nos gustaría. Por otra parte hay un sentimiento de culpabilidad por no tener tiempo para disfrutar con los hijos. Hicimos un estudio con quince mil niños y el noventa y cinco por ciento de ellos tenía esta carencia. Esta falta de tiempo les hace a los padres sentirse culpables y al mismo tiempo transigentes con los hijos.

Últimamente parece que se abusa de cierta psicología positiva. Pero la vida también puede ser un drama, ¿no?
No diría tanto psicología positiva como superficial. Cada niño es único y hay que hacerles un traje a medida. No se debe educar a todos por igual. Lo importante en la educación es la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Cuando no existe favorece que tengamos una sociedad y unos niños muy consumistas, por ejemplo. Hoy, con respecto a hace diez años, los niños pueden vivir una realidad en paralelo que sus padres desconocen. Es un peligro enorme, pues la invasión de información a la que están expuestos los hace manipulables.

Los móviles y las tabletas…
Bueno, es que ya hay niños con cinco o seis años y con teléfono móvil. ¿Qué estamos haciendo? Se crea una adicción en ellos y se producen problemas de comunicación y un aislamiento social muy importante.

El otro día vi a una familia entera comiendo en un restaurante y cada uno miraba su teléfono. Apenas hablaron.
Lo ves en un restaurante, pero también en las casas. Hay familias que es difícil que coman o cenen juntos y cuando lo hacen están con el móvil. Los valores que transmites a tus hijos se dan a través del diálogo, la conversación. Si no, esos valores le llegan por otros lados, con lo cual son chicos muy poco libres y más vulnerables.

José Luis Sampedro decía en ‘La sonrisa etrusca’ que en la educación se debe emplear látigo y caricia.
Es verdad que tienes que ponerles pautas, pero también transmitirles entusiasmo. Son más perseverantes que nosotros. Por eso, los discursos con ellos valen muy poco. Los padres tienen que dar ejemplo, unificar criterios y no proteger en exceso a los hijos. El mundo no puede girar en torno a ellos.

¿Quién visita más la consulta de un psicólogo?
De unos años para acá ha crecido la franja de las personas entre dieciocho y treinta años, y luego los adolescentes. Muchos vienen y te confiesan que no son felices. También se da el caso de padres con bebés, que son incapaces de que sus niños duerman o coman. Se llevan a los bebés a la consulta, cuando con quien se tiene que trabajar es con los padres.

¿Cuál es el gran desafío de la psicología?
Ser enormemente prácticos, ayudando a padres, profesores y niños a desarrollar el máximo de recursos para ser felices, pero personas de bien y con criterio propio. Tenemos que aprender a decir que no, porque eso da más recursos a un niño. En este sentido el no más doloroso es el que no hemos sido capaces de decir. Mina nuestra moral y arruina nuestra autoestima.

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