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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Patricia Ortiz, restauradora de arte: “Estoy orgullosa de haber sido valiente”

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Estudió Bellas Artes y vivió en Irlanda y Estados Unidos hasta que conoció a un holandés, con el que se casó y se marchó al país de los tulipanes. Hoy, esta almeriense, hija del inolvidable arquitecto Antonio Ortiz, es una prestigiosa restauradora de obras de arte y tiene tres hijas. Nos habla de Holanda y de la pasión por su oficio. (Entrevista publicada en La Voz de Almería el pasado fin de semana).

Sois muchos los que emigráis. ¿El tuyo fue un exilio forzoso?
Digamos que sí. Tuve la suerte de encontrar trabajo antes de terminar la carrera. Hacía restauraciones de muebles y objetos en Madrid. Era el año noventa y cinco. Pero no me terminaba de gustar. Recuerdo que mi amigo Benjamín Hernández Montanari me habló de la posibilidad de trabajar en el extranjero, algo que a mí también me rondaba la cabeza. Tomé la decisión y me marché.

Eres restauradora de arte. ¿Está bien considerado en Holanda este oficio?
Muy bien considerado. Despierta curiosidad e interés. Tiene un halo de misterio por el descubrimiento de lo oculto.

¿Has encontrado tesoros?
Sí, el primero fue en una basílica de Ávila, en unas esculturas del siglo XVI. Debajo de ellas descubrimos tesoros del siglo XII. Al parecer, en el siglo XVI construyeron encima, en lugar de hacer otras esculturas distintas. Por otro lado, cuando restauras cuadros aparecen firmas, repintes y se ven dibujos subyacentes.

¿Y si hay un mínimo fallo en la restauración?
Yo bromeo y digo que si te equivocas pues lo restauras (risas). La verdad es que no se da ningún paso sin hacer pruebas. Medimos el ph de la obra y la conductividad de la superficie. Todo está controlado al detalle. No obstante, una norma de la restauración es que todo lo que se hace es reversible.

Una de las restauraciones más conocidas fue la de la Capilla Sixtina. ¿Qué te pareció?
Fantástica, pero fue polémica porque hubo gente que quería verla igual. Se recuperó la obra según la intencionalidad del artista. Las velas de la sala produjeron durante siglos un hollín que se fue pegando en los frescos.

¿De qué obra restaurada estás más orgullosa?
Quizá de una cabeza de Erasmo de Rotterdam, que tuvo mucha repercusión. Fue en la ciudad de Gauda y coincidió con el aniversario de la muerte de Erasmo. Era una mezcla entre pintura y escultura.

Aquí hubo una “restauración” muy polémica, la del ‘Ecce Homo’ de Borja. ¿Llegó a Holanda la noticia?
Totalmente. Cuando hacía presentaciones con “power point” por el país siempre dejaba para el final la diapositiva con el ‘Ecce Homo’, porque sabía que me iban a preguntar (risas). Lo cierto es que muchas veces tenemos que restaurar cosas que otros han restaurado. De hecho el cincuenta por ciento de las veces trabajamos otras restauraciones.

Cambiando de tercio, ¿los holandeses son inquietos culturalmente?
Aquí hay una clase alta intelectual, aunque igual que en España. Te diría que los jóvenes españoles son más inquietos que los holandeses. Al menos mis amigos españoles leen más.

Dices que los holandeses son muy organizados. ¿Es más una virtud o un defecto?
Es una virtud pero roza el defecto porque pierdes la capacidad de improvisar. Cuando una cosa no funciona el holandés no sabe improvisar. ¡Es que está acostumbrado a que todo funcione! (risas).

¿Qué fue lo que más te impactó de Holanda?
Me acuerdo de la primera vez que vine. Pensé: “esto es una supercivilización”. Son todos muy altos, eficientes, puntuales… Pero también les falta espontaneidad. Aunque aquí todo funciona. Yo vivo en La Haya, en una zona que se llama -una vez traducido- Aguadulce, igual que donde yo vivía de pequeña (sonríe).

¿Irte fuera ha sido la mejor aventura?
Fue el comienzo de la aventura. Creo que esto no lo hubiera tenido en España. En mi estudio he resturado un Rembrandt, por ejemplo. Tengo un estudio en casa y otro grande en La Haya.

¿Qué has aprendido y de qué te sientes orgullosa?
Que tienes que conectar con tu intuición, que es la conexión con una inteligencia más grande. Es guiarte por lo que sientes, aunque puedas equivocarte. Y me siento orgullosa de haber sido valiente en todo, por haber renunciado a cosas y apostar por otras.

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