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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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El día que Jesús Quintero agitó el periodismo frente a Carlos Alsina

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Hoy ha sido uno de esos días de gloria para el periodismo, porque tres maestros de la comunicación, Jesús Quintero, Fernando Sánchez Dragó y Carlos Alsina, han enardecido al público, como tres toreros en la Maestranza. Teodoro León Gross, moderador de la contienda de una jornada titulada ‘Cuando el entrevistador es la estrella: control del yo’ (Fundación Manuel Alcántara, en el Rectorado de la Universidad de Málaga), seguramente se barruntaba que la mañana habría de ser dura, áspera, difícil de lidiar entre semejante constelación de figuras; pero no tanto como para acabar pidiendo la hora, el fin de la conflagración dialéctica, el rescate de la palabra.

Abrió fuego el ‘Loco de la colina‘ después de unos pases de tanteo con Sánchez Dragó, junto con el que reunió las primeras ovaciones de la mañana. Alsina esperaba entre bambalinas su turno, como Rivera Ordóñez en aquella tarde de Las Ventas al lado de Joselito y Enrique Ponce. Salió Quintero a los medios y se abrió con el capote para dejar su genial impronta, con el relato nostálgico de sus entrevistas, de sus personajes, de un viejo periodismo que “nada tiene que ver con el actual, lleno de basura”, dijo, y se quedó mirando al tendido con el donaire de los artistas, con su pañuelo rojo, con sus gafas ahumadas, con su aire de truhán ardiente. Quintero se levantó, literalmente, despejó el ruedo de la palabra amable y simpática (hasta entonces) y llevó al toro a su terreno. “No se entiende que Lara fuese el dueño de un periódico catalán independentista, Avui, de una televisión de derechas, Antena 3, de una televisión de izquierdas, la Sexta, y de una radio, Onda Cero, que, ¡pschá, pschá!”, afirmó. Alsina salía  al instante de la tronera del burladero con la garra de un novillero en ciernes. Antes, en sus primeros escarceos de la mañana, había reconocido que “mi vida profesional cambió con la entrevista que le hice a Rajoy, en donde la mejor pregunta no la hice yo sino el presidente, con aquello de los catalanes y su recordado galleguismo “¿y la ciudadanía europea?”.

Sánchez Dragó y Quintero se habían hecho representantes a los pocos minutos del acto -por si a alguien le quedaban dudas- del periodismo literario español, que no está envilecido por la poca sustancia de los políticos, según los propios periodistas. “Tú no entrevistarías a Pedro Sánchez“, le decía Alsina al escritor, a lo que este replicaba: “por supuesto que no lo haría, porque no me diría absolutamente nada; igual que el otro día fui a la Fundación Faes y tampoco oí nada digno de mención”. El periodista de Onda Cero vaciaba la embestida: “vosotros no entrevistaríais a nadie que no os permitiera luciros; en el periodismo político cuesta más, pero ahí está el mérito”. Y Dragó volvía a la carga: “a mí jamás me ha interesado la audiencia, ni el ‘share’ ni nada de eso”.

Apenas era un aperitivo, unos pases por alto, para lo que hubo de llegar después. Jesús Quintero, había salido a los medios a proclamar que “los políticos lo controlan todo”, que “la prensa está corrompida por el dinero” y “que es manejada por capital extranjero”. El locutor arremetía contra los medios actuales “que no me dejan entrevistar a la juez Alaya ni a Luis Bárcenas“, mientras Carlos Alsina cogía los trastos para responder. Se sentía agraviado, como si él no ejerciera un periodismo limpio e independiente. “Sí, tú eres valiente y yo un cobarde, tú eres muy profesional y yo no”, ironizó con su habitual moderación. El tercio de quites entre los dos periodistas, de la vieja guardia y de la nueva escuela, se había puesto correoso y embarrado, pese a que también parecía teñido de cierta escenificación.

Carlos Alsina aún hubo de sortear las críticas de un espectador que llegó a decirle que era un manipulador, hasta que una joven recién licenciada cerró el turno de preguntas alabando, en cambio, su profesionalidad y su rigor. Jesús Quintero, que había levantado la mañana de su letargo, se marchó cuando el moderador iba concluyendo la jornada, entre una nube de admiradores, que le hacían fotos como a una estrella de rock. El control del yo no funcionó, -como era de esperar-, pues las estrellas fueron finalmente la noticia, y eso que Alsina no parecía dispuesto a la contienda. El periodismo había sido agitado en una jornada histórica.

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