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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Cristina Pedroche, entre el landismo y el feminismo

A estas alturas hablar del vestido o no vestido de Cristina Pedroche en Nochevieja puede parecer un juego floral, ya que ha despertado los mismos comentarios que el pasado año, con aquellas transparencias que nos devolvían a los años setenta, cuando Alfredo Landa se refrescaba el franquismo de la solapa haciéndole carantoñas a las suecas. La presentadora madrileña ha desatado, de nuevo, la indignación de ciertas feministas, que no comprenden el indigesto papel de mujer florero que ella misma se había reservado con la indumentaria de marras, aunque apele a su propia libertad.

Las feministas están que trinan y alegan que no hubiese existido polémica si el compañero de la presentadora, en este caso Alberto Chicote, hubiera asistido a las campanadas de la misma guisa. Y llevan razón. Algunos y algunas pueden apelar a la libertad y liberación sexual, como cuando el destape que llegó con la democracia. Entonces se vio como una apertura o un alivio después de cuarenta años encerrados en la censura. Sin embargo, ahora carece de relieve y se percibe de una forma totalmente opuesta. Como un insulto, dicen, a las mujeres en su afán de granjearse la anhelada igualdad.

Curiosamente chocan dos corrientes, la partidaria del feminismo y la favorable a una liberación sexual que, según sus defensores, también conlleva un empoderamiento de la mujer tras siglos recluida como un ser sin derecho a una sexualidad plena. Aquí está el conflicto, el punto de fricción que enfrenta a las propias mujeres y que nos arroja a un río revuelto donde al final ellas mismas acaban lastimosamente perdiendo, puesto que sus mensajes se difuminan en el océano.

Ambas tienen sus razones. Las primeras porque resulta rancio y demodé ese cliché de mujer florero y casi chabacano, y las segundas porque, a pesar de los avances, la sexualidad continúa siendo un tabú en nuestra sociedad, si bien no se consigue con un atuendo más o menos generoso en escotes ni con los destapes de las chicas de Femen. Y menos en esta época de acceso ilimitado a contenido erótico que, por cierto, ofrece una imagen distorsionada del sexo y no parece la mejor herramienta educativa para los adolescentes.

El equilibrio es complicado y la batalla de la igualdad también, a no ser que se empiece a trabajar desde la infancia de las personas, con una educación sexual integral, que forme a los niños en la verdadera igualdad. De manera que en el futuro no se tenga que hablar del vestido de la Cristina Pedroche de turno, porque seguramente el machismo y el feminismo se habrán diluido como conceptos.

 

 

 

 

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