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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Graciela Zárate, poeta: “Entendí que no gastar es lo mismo que ingresar”

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Sufrió un desahucio en Madrid y emigró a Almería, “un sitio con mar y barato”, donde empezó a escribir y le salió del alma su primer libro, “A contraluz de embargo”. Luego vinieron más, igual que llegó su compromiso con los desfavorecidos, como los refugiados sirios en Grecia, “quienes están a la deriva y nadie los quiere”. Así fue la entrevista que le hice a Graciela Zárate en La Voz de Almería:

¿El desahucio es el desagüe de quienes miran a otro lado?
Una parte importante de la sociedad todavía mira a otro lado. Los suicidios, de hecho, se empezaron a omitir, que es peor que ocultar, porque así parece que no existen. Pero yo transformé lo que me pasó en algo útil.

Y decidiste dar un giro a tu vida.
Me di cuenta de que en Madrid moriría y tenía que irme a un sitio con mar y barato. Vi que Almería no existe para el resto de España, es como una burbuja, y eso era justo lo que necesitaba. Me puse a escribir permanente y compulsivamente. Mi primer libro editado fue “A contraluz de embargo”, con la editorial Lasturas.

¿Qué fue lo que más te dolió de todo aquello?
La injusticia. Cada año que pasa lo veo con más perspectiva y más rabia me da (se emociona). Ha habido una crisis mundial, pero en España todo lo pagó la clase media y obrera. Por estar gobernada por gente y por grandes empresarios que robaron. Yo tenía un centro zen en Madrid, con trece empleados. En diez meses la facturación bajó a una quinta parte de lo normal y tuve que hipotecar un veinte por ciento de mi casa para seguir con el negocio, cuando las tasaciones estaban en lo más alto… Al final tuve que cerrar el centro y perdí una casa que ¡ya había pagado! Y todo porque aquí no existe la dación en pago.

Te quedas sin nada y acabas en Almería, ¿para siempre?
La palabra permanentemente para mí no existe. No sé cuándo voy a volver a tener un empleo y me falta mucho para jubilarme. He llegado a la conclusión de que no gastar es lo mismo que ingresar.

Escribir tu historia, ¿es una forma de reparar el trauma?
No lo decidí, sino que ocurrió. Empecé a escribir. Fue sanador y salvador. No solo plasmar los poemas sino también editar y presentar el libro por toda España. La gente venía para que les firmara los libros, llorando y dándome las gracias. Fue catártico para mí.

Para ganarte la vida limpias de vez en cuando en casas. Muchos no entienden que hoy uno puede tener dinero y mañana quedarse en la calle…
Así es, y te voy a citar un verso del libro: “Aferrada a mi cuerpo, por delante del sol y sin lo puesto, a contraluz de embargo, propia y blindada, voy”. Esto resume cómo lo resolví interiormente.

De ello te queda tango fuego que decides ayudar a los refugiados sirios. Una persona que necesita ayuda y que decide echar una mano a otras personas, nada menos…
Salvando las enormes distancias, me llegó mucho porque hay ciertos puntos de identificación. Van a la deriva. Lo han perdido todo y no los quieren en ningún sitio. Sentí que lo que quería hacer era ayudarles. Fui a Grecia como voluntaria independiente dos veces, a campos de refugiados. Cociné para mil personas, hicimos talleres terapéuticos con adolescentes y con niños. Y por supuesto yo me pagué el viaje y el alojamiento.

¿Te duele que sólo nos conmovamos con fotos como la de Aylan?
Es indecoroso que a la gente le haga falta ver esa foto para saber lo que está pasando. Las cosas son, ocurren, no dejan de pasar porque los sujetos hagan como que no suceden. Si vieras la cantidad de gente que van de voluntarios, en sus únicas vacaiones, fliparías.

A la muerte de tu padre escribiste: “Buenos Aires se aleja cuando piso, hoy todo huele a lluvia y a la muerte de padre”. ¿Un poeta solo puede escribir desde las entrañas?
Un poeta no sé, yo sí (risas). Tuve una relación tortuosa con mi padre, jamás pensé que fuera escribir este poema. Cogí un avión cuando se estaba muriendo y allí estábamos en un bar, en Buenos Aires, esperando su muerte, mientras diluviaba. Cuando voy a Argentina, más lejos la siento, porque ya soy de fuera.

¿Qué te ha dado Almería?
Mucha, mucha, mucha paz. Me ha regalado convertirme en una persona tranquila, porque era hiperactiva. Es un sitio casi perfecto para vivir el “aquí y ahora”, que es el principio fundamental de la cultura zen.

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