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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Fernando Trueba, la venganza y la memoria

"Chico & Rita" Portraits - 2010 Toronto International Film Festival

Soy español, muy español… y mucho español, como diría Rajoy, pero creo que somos un pueblo cainita y muy vengativo. Arturo Pérez-Reverte no se cansa de repetirlo y la suerte que ha tenido hasta ahora es que no ha sufrido el vacío de los lectores. Fernando Trueba, sin embargo, sí. El director de cine dijo hace un año que no se sentía español y había gente que le esperaba con tantas ganas a la salida del instituto que no han perdido ni un minuto para armar un boicot a su última película, “La reina de España”. Seguimos en el siglo diecinueve, de algún modo.

Vaya por delante mi asombro con Trueba por decir aquellas palabras sabiendo cómo nos las gastamos los españoles. Ese día recibía, además, un premio nacional. De manera que su pretendida broma le salió por la culata. Entre otras cosas, no tuvo mucha gracia. El propio cineasta lo reconoció:”Es curiosa la vida, pasa lo mismo con las películas; uno quiere hacer una comedia y le sale un drama”. Estas palabras, por cierto, las dijo unos días después del galardón, no ahora. Pero más allá de su torpeza considero que las cosas se han llevado demasiado lejos. No es que no tengan razón quienes se hayan sentido ofendidos. Lo que quiero decir es que esto del boicot -promovido incluso por famosos como el torero Rivera Ordóñez– es el reflejo de un país con las costuras muy tensas, donde el conflicto chapotea en cada esquina y el enemigo no debe tener ni agua. Nunca.

Decía el otro día en una conferencia en Almería el psiquiatra Luis Gutiérrez Rojas, al que entrevisté hace unos meses en La Voz de Almería, que el consumo diario de “Sálvame” empequeñece el cerebro. Lo decía con gracia, claro, pero tenía razón en que, después de ver cómo durante cinco horas le dan hasta en el carnet de identidad a uno que pasa por allí, el espectador es muy probable que luego repita esa conducta con sus familiares, compañeros de trabajo o yendo en el coche con los niños (la violencia verbal que se respira conduciendo es impresionante)… Luego muchos se sorprenden de que sus hijos sean de tal o cual manera. Hacen lo que ven.

También nos sorprendemos cuando se muere alguien famoso y los depredadores de las redes sociales insultan sin demora y se mofan del finado. Todo muy valiente, por cierto. Pero, ¿cómo no va a suceder cuando habitualmente practicamos el desprecio como si fuéramos hinchas de un equipo de fútbol, lo que implica el odio inevitable al rival? Aquellas palabras de Trueba pudieron ser un error o una provocación, aunque yo no tengo duda de que pretendía afirmar que se siente ciudadano del mundo.

Es cierto que al autor de “Belle epoque” le daban ese día un dinero y esa ha sido la mecha que ha iniciado el fuego. Pero después de leer el discurso entero no creo en absoluto que merezca esta revancha. Con eso y con todo, reconociendo la metedura de pata del director, me parece excesivo el clima, la tensión, el rencor, no ya de quien decidió libremente no ir a ver la película sino de quienes echaron leña al fuego con la campaña o de quien dijo, como Jordi Évole, que tenía “todavía más ganas de ver la película cuando veo a fachas que quieren boicotearla”.

Durante el reinado de Juan Carlos I me llamaba mucho la atención cuando en sus discursos de Navidad empleaba palabras como concordia, serenidad y diálogo entre los españoles. El rey sabía de lo que hablaba. Desgraciadamente, esos treinta años de pacífica convivencia, desde 1976 hasta 2006 (más o menos), se nos están olvidando, quizá por la crisis, que ha llevado a la indignación y ésta al enfrentamiento. Estamos yendo hacia atrás y ya no pasamos ni una. Pero lo peor, lo que más nos deberíamos hacer mirar, es que tenemos una memoria prodigiosa, fundamentalmente para lo malo.

 

 

 

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