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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Ana Pastor, profesora: “Comerte el mundo es trabajar en lo que te gusta”

ana-pastor

La entrevista a la profesora Ana Pastor en La Voz Almería la realicé este verano. Así era:

Comenzó su vida laboral en Cosentino, auditando sus filiales por el mundo, y hoy es profesora del ciclo formativo ‘Técnico superior en administración y finanzas’ en La Salle. “Nunca pensé que sería profesora, pero he descubierto mi pasión”, confiesa Ana Pastor. Su clase parece una oficina: “los alumnos se preparan para la empresa”.

Uno de tus primeros trabajos fue en Cosentino. ¿Cómo fue la experiencia?
La mejor. Increíble. Acababa de terminar un MBA en Sevilla y Justo Martínez había creado el departamento de auditoría interna. Auditábamos las filiales de Cosentino en el mundo. Viajé mucho. Allí aprendí de la humildad de Paco Cosentino, que se sabía el nombre de todos y cada uno de los trabajadores, a los que saludaba por las mañanas. Y vi que no está todo aprendido. Cada día hay que superarse.

Tu padre, Luis Pastor, y Paco eran muy amigos.
Sí. Los padres de Paco y mis abuelos eran vecinos, puerta con puerta. Antes de morir, mi padre fue pregonero en su pueblo, Macael, y contaba que de chico un día le iban a pegar y Paco fue a defenderle. Tenían una gran amistad. El edificio de la empresa en Cantoria lo proyectó mi padre y hay una placa que lo recuerda. Me emociono cada vez que lo veo.

Dejaste Cosentino, trabajas en el sector inmobiliario y acabas en la docencia. ¡Menudo cambio!
Siempre decía que no iba a ser profesora, pero a raíz de tener hijos me picó el gusanillo. Hice un Máster y me encantó. Es mi pasión. Mi clase no es una clase sino una oficina, preparamos a los alumnos para el día de mañana. Todo se trabaja en proyectos, porque es lo que te vas a encontrar en las empresas.

Es una innovación, sin duda.
Para mí el modelo profesor-alumnos está obsoleto en muchos casos. Soy partidaria de quitar las tarimas y motivar a los alumnos. No me vale que memoricen la última reforma laboral.

Decía Benjamin Franklin: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”.
¡No me lo puedo creer! Ese es el lema de nuestros folletos… ¡Me encanta! El proyecto se llama “Learn by doing” (aprende haciendo).

¿De todos los niños se puede sacar partido?
Todos tienen alguna fortaleza. Uno puede ser muy bueno en matemáticas y otro un gran relaciones públicas y un líder en potencia. Nuestra labor es buscar la fortaleza del alumno y mejorar las competencias que no se le dan bien. Le muestras de lo que es capaz para que se motive y se supere en todo lo demás. Por otro lado yo hago con mis alumnos lo que me gustaría que hiciesen con mis hijos. Creo, además, que cada vez hay más profesores con vocación, a sabiendas de que es una profesión que requiere un ritmo muy alto y una preparación intensa de las clases. En vacaciones tenemos que preparar los proyectos del invierno. Yo, por ejemplo, no imparto la clase con libros, y eso requiere organizarse de otra manera.

¿Qué has descubierto en ti que desconocías?
Aparte de mi vocación como profesora aprendí de mi padre a sentirme afortunada con lo que tengo. Cuando era más joven quería comerme el mundo y ser una ejecutiva agresiva. Ahora comerme el mundo significa trabajar en lo que me gusta y valorar la familia.

¿Has tirado muchas monedas al aire?
Creo que te la juegas diariamente. Desde el momento en que te casas (risas). Todo es una apuesta, una toma de decisiones.

¿Cómo se puede pretender que haya pensamiento crítico cuando a menudo nos transmiten mensajes contradictorios?
Nuestra generación todavía lo tiene. Es algo que se intenta enseñar en el colegio. No todo lo que se dice es verdad. A los niños hay que ponerles trampas para que piensen. Mi marido lo hace con mis hijos para que expresen su opinión, mediante juegos. También hacen cómic. Hay que despertarles la imaginación.

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