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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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El agosto español

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Andan los políticos queriendo desmontar a Rajoy, cuando agosto ya amenaza con recortar los días sin apurar la frenada y ni siquiera te da tiempo a la cerveza y la sardina de mediodía. Salvo a Pedro Sánchez, que aterrizó en Mojácar de incógnito para ‘chiringuitear’ y los vientos de la información le devolvieron a la Villa y Corte para escudriñar su propio futuro y acaso el de su partido, que no está para muchos sanfermines ni chicas ye-yé.

El arco parlamentario está congelado estos días, cuando los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro aguardan su turno para invadir el camino de la actualidad y evitar así la presencia constante de unos dirigentes que regurgitan las mismas palabras que hace ocho meses. Si hay unas terceras elecciones nos acordaremos de las palabras apócrifas de Bismarck, que describían al pueblo español como permanentemente dispuesto a la autodestrucción.

A estas alturas de desgobierno los españoles podríamos convertirnos en los primeros dimisionarios llegado el caso de unos comicios en el fulgor del otoño, que es una época en donde se vota poco o se vota con cierta melancolía, lo cual nos puede conducir a una democracia sin escritura y olvidadiza. De manera que la aventura de la dimisión de los españoles, auspiciada por las interferencias de la oposición y el tancredismo del presidente, puede granjearnos urnas semivacías y colegios electorales helados por las ausencias, porque la gente preferirá por entonces las castañas y el café de las alamedas.

Queda, en fin, un mes en el que las palabras de Scott Fiztgerald sobre la vida cobrarían sentido, pero aplicadas al parlamentarismo español: la política es un proceso de demolición. Nuestros representantes, no obstante, tienen margen de maniobra para tragar sapos y culebras y desdecirse después de desdecirse, que es al fin y al cabo lo que han venido haciendo desde que nos embarcamos en la rutina burocrática de las elecciones.

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