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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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El niño

FOR USE AS DESIRED, YEAR END PHOTOS - FILE -In this March 4, 2011 file photo, men from Bangladesh, who used to work in Libya but recently fled the unrest, walk with their belongings alongside a road, as they head to a refugee camp after crossing the Tunisia-Libyan border, in Ras Ajdir, Tunisia. (AP Photo/Emilio Morenatti, File)

Es la foto del año. Nos ha cortado la digestión del verano y ha repartido la culpabilidad entre políticos y ciudadanos, o sea nosotros, que asomamos la nariz por la ventana de las noticias sin tener en cuenta que algunas de las cosas que ocurren aquí y en otros lugares nos atañen. Esta Europa hecha a costurones e indolente, asiste en directo a la muestra de unas imágenes que desafinan el alma, y lo hace como un boxeador a punto de caer a lona y pidiendo respuestas a su entrenador -con los hombros encogidos- al otro lado de las cuerdas.

La foto, que no publico por dura y por suficientemente vista, es el reflejo del Viejo Continente, instalado en la hipocresía, en esa que dicta que las soluciones se dan solas, que el tiempo es el mejor curativo o que para eso están los rangers norteamericanos y sus dólares frescos.

Europa no se ha despertado aún de la siesta porque no interesa, porque tal vez seguimos convalecientes de la II Guerra Mundial, ese rastro de horror. Pero de una vez por todas el sueño europeo tiene la obligación de desperezarse y plantar cara a los problemas, no solo económicos sino también humanitarios y sociales. Y a mí se me antoja que la solución para evitar este incesante chorro de muertes propiciado por los fundamentalistas islámicos pasa por entrar en los avisperos de Oriente Próximo y desalojar a la mugre que nos amenaza. Eso sí, para ello hay que llamar a las cosas por su nombre y dejarse de burocracias ridículas, como poner una reunión urgente para el catorce de septiembre ¡doce días antes! De risa. O de llanto.

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