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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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La incertidumbre de nuestros tiempos

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El otro día, en una de las entrevistas que realicé para La Voz de Almería, me decía Cayetano Torres, analista web de Magical Analytics y profesor del IE Business School, algo que quizá ha pasado desapercibido pero que encierra mucha verdad: vivimos en la incertidumbre y hay que estar cómodos en ella. El mundo que nos ha tocado vivir atraviesa profundos valles, alcanza cimas antes desconocidas y desciende de nuevo a simas que provocan auténticos terremotos económicos y sociales. Dice el economista Niño Becerra que no se trata de China ni Grecia, ni siquiera del petróleo, sino que sufrimos una crisis sistémica. De ahí la incertidumbre, que tiene sus cosas buenas pero también malas. Empiezo por las malas.

Muchas voces denuncian que el modelo capitalista está moribundo y que hay que cambiarlo. Espero que no por el comunista, claro. Pero sí es verdad, o así lo creo yo, que el mundo que vivimos está lleno de desigualdades y que urgen soluciones para transformar, no ya solo el modelo económico sino el social, que es una consecuencia del primero. Así, muchas veces me planteo hacia dónde vamos en Occidente, en donde el sistema de vida que hemos creado consiste en acumular bienes, caminar deprisa y eliminar la trascendencia de la vida, esa que otorga la cultura, que es la gran olvidada.

Otro elemento muy señalado y en horas bajas es la familia. Estamos envejeciendo a velocidades inauditas porque todo este entramado no nos permite apenas tener hijos. Por el contrario, anteponemos -por pura necesidad en ocasiones o por hedonismo en otras- llegar con holgura a fin de mes, pagar las facturas y tener un mínimo desahogo.

Los trabajos no ayudan a la conciliación laboral y familiar. Hay padres que ven a sus hijos solo los fines de semana, porque las jornadas a diario son eternas. Horas y horas trabajando mientras sus hijos crecen y, como decía una periodista, creo que Lucía Méndez, se produce una situación compleja y como se dice ahora, emocionalmente tensa: “cuando estoy trabajando me siento culpable por no estar con mi hijo y cuando estoy en casa me siento culpable por no estar trabajando”. ¿Esto es vida? Algo falla.

La dificultad para conllevar este tipo de situaciones es enorme. De ahí que a muchas personas les cueste horrores mantener el equilibrio en sus vidas y aparezcan problemas emocionales propios de este primer mundo. No estamos aún preparados para el tsunami de cambios. De hecho, el ser humano jamás había concentrado tales niveles de estrés como en los últimos cuarenta, cincuenta años. Digerirlo no es nada fácil.

Lo que estamos viviendo es una revolución tan brutal que, con sus aspectos negativos ya descritos, incluye también sus enormes ventajas. Nunca antes habíamos tenido tantas oportunidades: para viajar, para conocer otras culturas, para vender en otros países, para relacionarnos con otras personas desde nuestra casa, para interconectarnos, para soñar. Se trata de un momento apasionante que requiere, como apuntaba Cayetano, que nos acomodemos en el sofá de la incertidumbre y propongamos soluciones a cada uno de los desafíos que se nos presentan.

La Medicina, la Ciencia, la Inteligencia Artificial, la alimentación, el Periodismo, la Música… todo ello está viviendo profundos y vertiginosos cambios de los que aprendemos y desaprendemos (este es un verbo de moda pero muy gráfico). Lo que hoy es una verdad inmutable mañana no sirve. ¿Nuestros padres o abuelos podían decir eso en lapsos de tiempo tan cortos como ahora? Imposible.

En los próximos veinte años el mundo irá cambiando radicalmente. Por eso debemos actuar, ser protagonistas y no quejarnos, en cuyo caso debe ser para mejorar. La incertidumbre, el no saber qué pasará mañana es la moneda de cambio de la sociedad actual y futura, en donde ya no hay costes fijos, sino que todo es variable, porque no hay nada seguro. Eso sí, espero que no se olvide que detrás de toda esta transformación hay personas y que el bienestar común y la felicidad -esto requeriría un debate más filosófico- deberían ser el principal objetivo que nos debemos marcar. Como dice el propio Cayetano Torres, el médico Antonio Martínez Amo o el presentador Juan y Medio, a quienes también he entrevistado este verano en el periódico, “lo imprescindible en la vida es el amor, hemos venido a este mundo a querer y a que nos quieran”.

5 comments on “La incertidumbre de nuestros tiempos

  1. djcaye dice:

    Interesante reflexión; Puntualizo algunas cosas.

    A lo mejor el comunismo no es la solución pero, mirar (y hoy más que nunca,

  2. djcaye dice:

    ya que no pasa por su mejor momento, y es ahí cuando hay que ver las experiencias, en los momentos complicados) la solución que China propone para la creación de valor por parte de las empresas.

    Respecto a la familia, yo creo que si es un buen momento, ya que se están aceptando los (mal llamados) “otros modelos de familías” (monoparentales, con personas del mismo sexo) y sin duda nos va a ayudar a sembrar una semilla de tolerancia y respeto que nuestra sociedad necesita.

    Creo a pies juntillas en dar una segunda vuelta a todo lo que tenemos como seguro y “normal” y adoptar otras formas de ver las cosas, otra forma (incluso) de hacer las cosas… No hay que vivir con miedo, hay que vivir con ojo y con cabeza para ver las oportunidades (de todo tipo, no solo profesionales) que se nos ponen a tiro y dispararles duro.

    Después de todo, solo vivimos una vez y hay que aprovechar el momento de cambios tan potente que estamos viviendo.

    Por lo demás, genial reflexión!!!

    1. Estoy de acuerdo con respecto a los nuevos tipos de familia y la tolerancia y el respeto, por supuesto. Pero el problema no es el modelo sino la pervivencia de las familias y cómo se están reduciendo los hogares. ¿Hacia dónde vamos?

  3. djcaye dice:

    Vamos a que la familia va a ser algo distinto y que va a ser genial que sea distinto.

    1. Si eso también, claro que sí. Me refiero a que estamos envejeciendo demasiado y que en mi opinión deberíamos tener más hijos (en cualquier tipo de familia).

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