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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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Garitano

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Durante estos días las aguas están revueltas por la rueda de prensa interruptus de Garitano, el entrenador del Eibar que se marchó de Almería enfadado porque un par de periodistas le interrumpieron cuando hablaba euskera. Feo gesto por parte de los redactores locales, que conocían las reglas del estadio almeriense, según las cuales se permiten preguntas en todas las lenguas oficiales de España. Pero pocos hablan de la actitud de Garitano marchándose desairado y molesto por unos inoportunos murmullos en la sala. Ahora resulta que lo normal es levantarse e irse cuando alguien te interrumpe. ¡Pues sí que estamos buenos!

El preparador vasco podía haber sido algo más paciente y despejar los balones con diplomacia o hacer como el mítico torero “Guerrita”, quien ante la hostilidad del público de Madrid llegó a decir: “¡en Madrid que toree San Isidro!”. Y el cordobés se quedó tan ancho, pero al menos tuvo gracia y los aficionados de la capital siguieron queriéndolo, con sus virtudes y sus defectos. O como el rey Juan Carlos con aquel famoso “¿Por qué no te callas?” a Hugo Chávez, que fue una pequeña reprimenda borbónica y no una invitación a abandonar el salón en el que se celebraba la Cumbre. De hecho, siguieron y allí paz y después gloria.

Garitano estaba en su derecho a enfadarse, igual que lo está un diputado cuando le dicen algo desde las bancadas del Congreso, o cualquiera de nosotros cuando se nos presentan contratiempos de esta naturaleza. Sin embargo, levantarte de la mesa, darte la vuelta o dejar de hablar es el mejor antídoto contra la comunicación y el diálogo, y un salvoconducto perfecto para abrir fuego aunque sea mediante la palabra y cada uno desde su trinchera. No está el mundo para estos menesteres sino para entablar la cordialidad y una fluida comunicación en donde la lengua sea argamasa que una y acerque a los pueblos.

Lo que me parece sorprendente es que la actitud de Garitano ha despertado simpatías entre muchas personas, que se marcharían a las primeras de cambio ante una situación similar. No me quiero imaginar un pequeño conflicto con la pareja o con un amigo siendo la huida el remedio sanador.

Entre otras cosas, yo me pregunto: ¿se ofendió gravemente al entrenador? No. Los periodistas le interrumpieron –mal hecho- pero no creo yo que eso sea merecedor de tanto descrédito y crítica desaforada. Y menos para que el entrenador se levante y se vaya. En fin, Garitano vuelve a Almería y tómate unos chacolís con unos cherigan junto a los periodistas y tan amigos. Que la vida es un carnaval, como dice la canción.

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