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Alberto Gutiérrez Delgado

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Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

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50 sombras de Grey

50 sombras de grey helicoptero

Nunca había visto nada igual. En los cines de Roquetas se exhibe “50 sombras de Grey” cada media hora, en cuatro salas distintas, cada una rebosante de espectadores ávidos de tórridas escenas entre una universitaria guapetona que trabaja en una ferretería en sus ratos libres y un tipo alto, bien parecido, con helicóptero y con una tableta por barriga (es evidente que no ha tomado cervezas y lomos adobados en Almería). Típica historia de chico conoce a chica pero con el perverso aliciente de que al muchacho le van los cueros, las esposas y los azotes.

La película traía el público debajo del brazo, porque el libro que lo inspira fue el desvelo de millones de mujeres, quienes después de leerlo creyeron que el protagonista podría aparecer en cualquier momento, igual que sucedió cuando Pretty Woman, y el personal confió en que Richard Gere saldría de la tarta del siguiente cumpleaños del Burger Coco en sesión golfa. Todo lo más que aparecía era un tipo del este de Europa como el que le habló durante un tiempo a Anita Obregón, pero aún más calorro. Los hombres también esperábamos que saliera Julia Roberts; sin embargo, de ahí salía la hermana de Dimitri.

El largometraje de moda llega tarde, pues no es más que un pastoso rebozado de los escritos del Marqués de Sade y el filme “Nueve semanas y media”, mas con una manada de coches Audi cabalgando sobre el asfalto de Seattle y un tal Grey que no se ríe ni aunque le pongan un vídeo del Risitas y le estén tocando con una pluma las palmas de los pies. El hombre, envarado y contestón, es de los que no te saludan por el Paseo si tú no saludas primero. A mí me cae gordo. Sin embargo, a las mujeres del cine las volvía locas el otro día. Será por el helicóptero.

A mí lo que me gusta de un hombre es que me haga reír, dicen luego muchas féminas. Las mismas que ven al tal Christian Grey y se derriten en la primera mirada, aunque el tío sea más frío que un bacalao del Mar del Norte. Uno ya no entiende nada. Si no las haces reír, malo, y si las haces reír, incompleto. Alguna empezará a hacer comparaciones: que si la tableta, que si el helicóptero, que si la manada de coches, Manolito. Éste decide ir al bar de abajo y contar a los amigos lo cansino que era el protagonista y la poca gracia que tenía. Aquí no aguantaría dos asaltos, Manolo, te lo digo yo. Bueno, Antonio, dame un décimo de lotería y ponme una de gambas, que tengo que cuidarme, dice Manolo, señalándose la barriga con el orgullo herido pero con la esperanza de que en tres días su mujer se olvidará de Grey, de los coches y del puñetero helicóptero.

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