search instagram arrow-down
Alberto Gutiérrez Delgado

Alberto Gutiérrez Delgado

Periodista, emprendedor, viajero, lector. Las cosas no hay que decirlas sino hacerlas. Este es mi lema. Vivimos el mejor momento de la Historia. Debemos aprovecharlo.

Enlaces personales

Ver perfil completo →

Entradas recientes

Comentarios recientes

Margarita en Babilonia: 10 años, tanto vivi…
Fernando Mariano And… en El bar de Jo
Aurora en Aurora Bolívar: “Lo que vives…
siquescurioso en Trafalgar
Sara en Aurora Bolívar: “Lo que vives…

Archivos

Categorías

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 3.681 seguidores

Redes Sociales

Follow Al otro lado de Aqaba on WordPress.com

Los ojos más verdes del Mediterráneo

ojos-verdes-pardo-7325

Era italiano. Del norte. Venía cada año por estas fechas. Hablaba poco. Lo justo para saber que era ave de paso y que en su mochila no cargaba nada del pasado. Lo único que dejaba atrás eran las huellas de sus raídos zapatos; las suelas estaban desencuadernadas como un libro viejo. Había sufrido mucho, lo podías ver en su cara, pero no se quejaba. La gente murmuraba. Lo hace cuando se aburre. Hay cierta maldad en algunas personas, pero sin intención. Es el aburrimiento. Los niños acaban peleándose porque no tienen otras distracciones. Se aburren y se golpean. Pero no son malos.

Cada año el italiano iba al bar del pueblo y pedía a la camarera una cerveza para beberla en silencio. Ella se llamaba Ana y tenía los ojos más verdes del Mediterráneo. Esta vez, el italiano habló y dijo que se marcharía al día siguiente y preguntó por la previsión del tiempo para la hora del amanecer, mientras se quitaba la espuma de cerveza de la boca. En el pueblo todo el mundo habla de ti, italiano, dijo Ana. Él sonrió de lado y le preguntó si podía llamar por teléfono. No creo que a nadie le importe mi vida, añadió tajante pero amable. Uno de los hombres mayores que bebía en la barra le observó con desconfianza, como pensando que nada bueno podía traer al pueblo aquel que no quiere dejar nada en él, ni siquiera su nombre. El italiano llamó por teléfono y habló en su lengua durante unos minutos. Ana pensó que sería su novia, que le esperaba en la plaza de un bello pueblo del interior del país, bajo el sol de la Toscana.

Cuando terminó de beberse la cerveza le dejó una nota a Ana, bajo las monedas. Me llamo Antonino Pissano, en otro momento de mi vida fui buceador, decía. Vengo cada año para verte, pues apacigua mi espíritu y me anima a seguir el camino. Podría quedarme a mirarte horas y horas, pero he de partir. Soñaré durante meses contigo e imaginaré cómo serás dentro de un año, qué habrá pasado en tu vida. Perdona que no te haya preguntado nunca, pero es mejor así. Sólo te pido que cuando regrese, haz como si no hubieras leído esta nota, como si el hombre que pasaba cada año por aquí jamás te hubiese confesado nada. Tomaré una cerveza fría, llamaré por teléfono a mi madre, que vive en Florencia, y notaré cómo un señor de la barra me observa desde la lejanía. Te pagaré y dejaré otra nota bajo las monedas. Si no vuelvo recuerda con una sonrisa a este tipo extravagante y esquivo, al menos una vez cada año. Ten una buena vida.

Responder
Your email address will not be published. Required fields are marked *

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: